- “La falta de amor es la mayor pobreza” (Madre Teresa d
e Calcuta). - “Mientras levantes los ojos, sin temor, hacia el cielo, estarás seguro de ser puro y volverás a ser feliz, suceda lo que suceda” (Ana Frank).
- No se necesita gritar para ser escuchado.
- Todos los días hay que buscar erradicar la indiferencia humana, empezando por uno mismo.
- El respeto a los demás, sin importar que alguien piense y actúe distinto a mí.
- Todos irradiamos un tipo de energía, hay que procurar que ésta sea de carga positiva.
- De los errores y fracasos se aprende.
- “Seamos realistas, hagamos lo imposible” (Ernesto Guevara).
- “No te duermas sin sueño” (Mario Benedetti).
- Dios está acá y ahora.
Décalogo para mi vida
El director
Entra el director con la frente en alto y toma asiento. En su lugar de siempre, se encuentra su silla y una pequeña banqueta para su maletín; ante todo, se debe guardar el respeto y la mística para el maestro. Del otro lado del telón sus aprendices lo esperan con nerviosismo. Se disponen a salir a escena y presentar su propuesta. De pronto, el dolor de estómago llega un poco antes de que se abra el telón. Al terminar la presentación, se da el momento crítico, el director dice sus observaciones. Sus aprendices escuchan en silencio mientras él habla. Conforme avanza en sus explicaciones, se genera cierta incomodidad, sobre todo en las alumnas, pues como es costumbre, el director ha vinculado la presentación a temáticas sexuales. Con su voz imponente, empieza a decir: “Deberías de ponerle otro conflicto a tu personaje”, “los actores debemos trabajar con los instintos humanos”, “deben tener en cuenta que, por naturaleza, el hombre es ante todo sexual”, “el hacer un desnudo en escena es normal, para el actor no deben haber barreras mentales”. Hasta llegar a afirmar que: “La postura que adoptan al sentarse tiene una connotación sexual, la postura de sus pies incitan a algo más (…) miren como agarran el lapicero, ¿no les dice algo?”, “todos tenemos fantasías sexuales. Coménteme acerca de sus fantasías sexuales”. La incomodidad incrementa en las alumnas, unas piensan que eso no era lo que buscaban en el teatro, y se irán; otras, que tal vez es normal la forma de hablar del director, y se quedarán, pensando en que son ellas las que están mal por los tabúes de la sociedad. Pero tarde o temprano descubrirán que el verdadero problema radica en su “admirable” director.Situaciones como estas, en las que se imparten “clases de teatro” y los maestros o directores abusan de su autoridad, llegando hasta cometer acoso sexual a estudiantes, es un problema que se viene dando en varias instituciones. Debo aclarar, que según el artículo 165 del actual Código Penal, se considera acoso sexual a: “El que realice conducta sexual indeseada por quien la recibe, que implique frases, tocamiento, señas u otra conducta inequívoca de naturaleza o contenido sexual y que no constituya por sí sola un delito más grave”.
En nuestro país, existen solo dos lugares en los que se puede aspirar a realizar un diplomado en actuación acreditado por el Ministerio de Educación: el CENAR (Centro Nacional de Artes) y la Universidad Nacional. Es preocupante que en estas dos únicas instituciones se han dado casos de acoso sexual que hasta la fecha no han sido resueltos.
La falta de ética en los profesores y directores de teatro llevan a la deserción de muchas jóvenes que quieren ser actrices. María Pérez (nombre ficticio) es una joven que concluyó su diplomado en actuación en la Universidad Nacional de El Salvador. Ella dice haber sido acosada sexualmente por su profesor, y asegura que es preferible aprender teatro por cuenta propia, es decir de forma empírica, a estar en una compañía de teatro o escuela en las que “solo buscan que hagas desnudos”, comentó la joven.
En el teatro se trabaja en constante contacto físico entre compañeros, por esto es más fácil encubrir el acoso sexual, a diferencia de otras disciplinas artísticas. También, se aborda al ser humano desde todas sus dimensiones, por lo que solicita que los actores y actrices sean capaces de hablar sin prejuicios, esto no hay que confundirlo con el hecho de limitar todas las puestas en escena a temáticas sexuales y que sean abordadas con morbosidad.
Las artes escénicas en nuestro país sí tienen futuro, pues sí existe una demanda de jóvenes que encuentran su vocación en el teatro. Lo que hace falta son instituciones que brinden apoyo y maestros que enseñen bajo una ética profesional. Se necesita de una instancia reguladora que le dé seguimiento a toda institución que tienen como misión promover las artes y el desarrollo integral de los jóvenes.
Asimetrías

Los seres humanos somos asimétricos y debemos aprender a aceptarnos así. El reconocer y respetar la diversidad de etnias, religiones, ideologías políticas, etc., no ha sido un reto fácil para las personas.
La mayoría nos consideramos capaces de ello. Creemos ser seres sociables y amigables por naturaleza, pero si nos detenemos a observar un poco las problemáticas sociales, en general, se derivan de una intolerancia a “los otros”.
Las personas tienden a no aceptar que alguien piense distinto. A mi parecer, el problema radica en que a partir de esta no aceptación, se acciona tratando de imponer la ideología propia sobre la de otros, es decir, por considerarse superior se discrimina “lo distinto”.
Por otra parte, ¿qué es eso del racismo? No son más que temores disfrazados. Se teme a que otra etnia sea mejor. Pero si somos de la misma raza Homo sapiens, nadie es superior y más evolucionado. O díganme ¿no todos defecamos lo mismo?
En el ámbito religioso de nuestro país, por ejemplo, la mayor parte de la población es cristiana y, sin embargo, existen subdivisiones que han generado fuertes problemas. Entre los conflictos más claros está el de los evangélicos y católicos, los cuales se “tiran pedradas” en medio de cultos y misas.
Un hecho que me indignó fue ver en un libro de Formación Cristiana, para alumnos de tercer grado de un colegio católico, donde se les decía a los niños que si un Testigo de Jehová tocaba a su puerta, debían echarle agua. Por otra parte, están los evangélicos que, para referirse a cualquier persona que no es de su denominación, les dicen “los del mundo” o “paganos”, de modo peyorativo.
Así, podríamos mencionar una gran variedad de ámbitos en los que existe discriminación social por diferencias ideológicas. Desde la política, con las campañas sucias, hasta aspectos tan sencillos, como los gustos musicales, con ilógicas riñas entre punketos y roqueros.
Si en un futuro los seres humanos aprendiéramos a respetar la diversidad ideológica que existe en este mundo, veríamos que en esencia somos más similares de lo que parece.
La mayoría nos consideramos capaces de ello. Creemos ser seres sociables y amigables por naturaleza, pero si nos detenemos a observar un poco las problemáticas sociales, en general, se derivan de una intolerancia a “los otros”.
Las personas tienden a no aceptar que alguien piense distinto. A mi parecer, el problema radica en que a partir de esta no aceptación, se acciona tratando de imponer la ideología propia sobre la de otros, es decir, por considerarse superior se discrimina “lo distinto”.
Por otra parte, ¿qué es eso del racismo? No son más que temores disfrazados. Se teme a que otra etnia sea mejor. Pero si somos de la misma raza Homo sapiens, nadie es superior y más evolucionado. O díganme ¿no todos defecamos lo mismo?
En el ámbito religioso de nuestro país, por ejemplo, la mayor parte de la población es cristiana y, sin embargo, existen subdivisiones que han generado fuertes problemas. Entre los conflictos más claros está el de los evangélicos y católicos, los cuales se “tiran pedradas” en medio de cultos y misas.
Un hecho que me indignó fue ver en un libro de Formación Cristiana, para alumnos de tercer grado de un colegio católico, donde se les decía a los niños que si un Testigo de Jehová tocaba a su puerta, debían echarle agua. Por otra parte, están los evangélicos que, para referirse a cualquier persona que no es de su denominación, les dicen “los del mundo” o “paganos”, de modo peyorativo.
Así, podríamos mencionar una gran variedad de ámbitos en los que existe discriminación social por diferencias ideológicas. Desde la política, con las campañas sucias, hasta aspectos tan sencillos, como los gustos musicales, con ilógicas riñas entre punketos y roqueros.
Si en un futuro los seres humanos aprendiéramos a respetar la diversidad ideológica que existe en este mundo, veríamos que en esencia somos más similares de lo que parece.
La falacia de las leyes antidrogas
No es de extrañarse al leer en un periódico, que cinco de diez accidentes automovilísticos se relacionan con alcoholismo; tampoco, si leemos artículos médicos en los que se nos explica que el abuso crónico de las bebidas alcohólicas puede producir enfermedades hepáticas, trastornos mentales y neurológicos. También, se ha comprobado que la nicotina afecta las neuronas y estimula las terminales nerviosas, y aunque no parezca, el consumo de más de cinco tazas de café al día produce nerviosismo, irritabilidad, insomnio, arritmias, etc.Sin importar cualquiera de esos daños a la salud física y mental, en cualquier parte del país, tiendas o supermercados, se tiene acceso, sin regulación de cantidad, a cigarrillos, alcohol o café. Esto entra en contradicción con lo decretado por la Asamblea Legislativa de El Salvador, que considera drogas a las sustancias que “indistintamente de su grado de pureza, actúan sobre el sistema nervioso central y tienen la capacidad de producir transformaciones, bien sea aumentando o disminuyendo su funcionamiento o modificando los estados de conciencia y que su uso indebido causa dependencia o sujeción física y psicológica” (Art.2, decreto No.728).
Sin embargo, nadie se queja por la comercialización de estos productos, ni el Estado, ni la población en general; pues estas son drogas aceptadas socialmente. Por lo visto, en nuestro entorno, de la teoría a la praxis hay una gran brecha. Lo estipulado en las leyes de nuestro país es una falacia.
Por consiguiente, deberíamos ser más críticos y preguntarnos: ¿Por qué es legal y de lo más común el uso del alcohol, tabaco y café en nuestra sociedad; y no el uso de drogas blandas como la marihuana? Si comparamos los daños que produce, no son tan diferentes a los causados por el alcohol.
Se ha comprobado científicamente que ésta droga contiene una sustancia psicoactiva, llamada Tetra Hidro Cannabinol (THC), que produce estimulaciones temporales en el organismo y trae repercusiones neuronales, celulares, inmunológicas, etc.
Por otra parte, el hecho que la marihuana sea ilegal, no ha demostrado que disminuya el consumo de ésta, por el contrario el narcotráfico y la corrupción policial es un negocio rentable en cualquier parte del mundo.
El problema parece ser un círculo vicioso: policías corruptos que mantienen negocios millonarios de narcotráfico, personas que contribuyen consumiendo, y que al igual que los alcohólicos, fumadores y adictos al café, siguen dañando su organismo.
Lo cierto es que las personas tienen libre albedrío a la hora de actuar, sobre todo cuando es relacionado con su propio cuerpo. El consumo excesivo de estas sustancias persiste y no obstante, casi no existen programas de concientización que busquen educar a la población en el uso moderado de las drogas. Por ejemplo, con el tabaco, las pequeñas letras ubicadas en la parte inferior de una cajetilla, que enuncian:”fumar es dañino para la salud”, están lejos de concientizar a cualquiera.
Resulta irracional que la sociedad le da mayor mérito a un alcohólico que a un “marihuanero”.
Claustrofobia
Desperté, sentía mis párpados muy pesados, así que decidí permanecer en cama un rato más. De pronto, algo llamó
mi atención. Muy cerca de mí, casi a la altura de mi oído, podía escuchar una respiración acelerada. Me estremecí. No sabía quién estaba a mi lado, pero no me atrevía a ver.
En cuestión de segundos, logré ubicarme en el tiempo. Si mis cálculos no me fallaban, me había quedado dormida desde la mañana. Sí, lo recordaba bien: mi papá había dicho que levantara a mi hermana, sonó el motor del carro, y se fue al trabajo. Eso era lo que había pasado en la mañana, pero entonces, ¿cuánto tiempo llevaba dormida?, Y ¿quién estaba a mi lado respirando tan fuerte?
Solo tenía que abrir los ojos, pero no podía. Empecé a sentirme pesada como el concreto. Ya no eran solo los párpados, sino desde los pies hasta la cabeza. Era como si todo mi cuerpo estuviera pegado a la cama.
Entonces recordé: las pastillas. Otra vez había vuelto a tomar los tranquilizantes, estaba segura de que mi extraño estado corporal era producto de aquellas pastillas. Y es que esa mañana me había tomado más de las debidas. Fueron tres o cuatro, o más, no lo recordaba bien. Todo había sido tan rápido, después de que mi papá se fue, mi hermana lloró descontroladamente como era costumbre, le dí comida, la bañé, pero ella seguía igual. Gritaba como si alguien la estuviera torturando. Me mortifiqué pensando que si llegaba la Policía, por los gritos de mi hermana, les tendría que explicar lo mismo de siempre: “Es un caso de autismo agudo, no hay muchas personas que lo tengan y la niña grita sin que nadie le haga nada. Los golpes se los ha hecho ella misma, se autoflagela”. Qué iban a entender ellos, el hecho de que fueran policías me hacía dudar de sus capacidades intelectuales. Así que decidí tomarme mis diazepam y dormirme todo el día. Y lo logré, el problema en ese momento era que no me podía levantar.
Me entró una gran desesperación. El sentirme atrapada en mi propio cuerpo me daba claustrofobia. Entonces, escuché aquella respiración más cerca de mí. Pensé en la posibilidad de que fuera de mi hermana. Si era ella seguro me golpearía. No, yo sabía que no me haría nada. Ella solo se hace daño a sí misma, tal vez en el fondo pensaba eso para no sentirme tan culpable. No era nada grato ser la mala de la película.
El tiempo transcurrió y mi desesperación aumentó. Una señal de esperanza fue cuando escuché a mi papá entrar a la casa. Mas él gritó mi nombre y al no escuchar respuesta, se fue a encerrar a su cuarto a ver televisión. La escuchaba a un volumen exagerado, así que si me pasaba algo ni cuenta se iba a dar.
Reflexioné en la posibilidad de morir. La idea no me daba miedo, para mí, la muerte era un viaje placentero a un mundo surrealista en el que se puede descansar del llanto; pero en ese momento estaba lejos de un lugar así.
Mis lágrimas empezaron a rodar por mi rostro, estaba arrepentida de haber sido tan cobarde y no tener los suficientes “ovarios” para vivir aquel día. Hablé con Dios en ese momento, él escuchó mis disculpas, reclamos, y tomó en cuenta mi propuesta de querer vivir, y mi promesa de ser una niña valiente.
Después de haber llorado por mucho tiempo, me sentí liviana, una brisa secó mis lágrimas y por fin logré abrir los ojos. Todo estaba oscuro, y era extraño, no había nadie a mi lado respirando fuerte.
mi atención. Muy cerca de mí, casi a la altura de mi oído, podía escuchar una respiración acelerada. Me estremecí. No sabía quién estaba a mi lado, pero no me atrevía a ver.En cuestión de segundos, logré ubicarme en el tiempo. Si mis cálculos no me fallaban, me había quedado dormida desde la mañana. Sí, lo recordaba bien: mi papá había dicho que levantara a mi hermana, sonó el motor del carro, y se fue al trabajo. Eso era lo que había pasado en la mañana, pero entonces, ¿cuánto tiempo llevaba dormida?, Y ¿quién estaba a mi lado respirando tan fuerte?
Solo tenía que abrir los ojos, pero no podía. Empecé a sentirme pesada como el concreto. Ya no eran solo los párpados, sino desde los pies hasta la cabeza. Era como si todo mi cuerpo estuviera pegado a la cama.
Entonces recordé: las pastillas. Otra vez había vuelto a tomar los tranquilizantes, estaba segura de que mi extraño estado corporal era producto de aquellas pastillas. Y es que esa mañana me había tomado más de las debidas. Fueron tres o cuatro, o más, no lo recordaba bien. Todo había sido tan rápido, después de que mi papá se fue, mi hermana lloró descontroladamente como era costumbre, le dí comida, la bañé, pero ella seguía igual. Gritaba como si alguien la estuviera torturando. Me mortifiqué pensando que si llegaba la Policía, por los gritos de mi hermana, les tendría que explicar lo mismo de siempre: “Es un caso de autismo agudo, no hay muchas personas que lo tengan y la niña grita sin que nadie le haga nada. Los golpes se los ha hecho ella misma, se autoflagela”. Qué iban a entender ellos, el hecho de que fueran policías me hacía dudar de sus capacidades intelectuales. Así que decidí tomarme mis diazepam y dormirme todo el día. Y lo logré, el problema en ese momento era que no me podía levantar.
Me entró una gran desesperación. El sentirme atrapada en mi propio cuerpo me daba claustrofobia. Entonces, escuché aquella respiración más cerca de mí. Pensé en la posibilidad de que fuera de mi hermana. Si era ella seguro me golpearía. No, yo sabía que no me haría nada. Ella solo se hace daño a sí misma, tal vez en el fondo pensaba eso para no sentirme tan culpable. No era nada grato ser la mala de la película.
El tiempo transcurrió y mi desesperación aumentó. Una señal de esperanza fue cuando escuché a mi papá entrar a la casa. Mas él gritó mi nombre y al no escuchar respuesta, se fue a encerrar a su cuarto a ver televisión. La escuchaba a un volumen exagerado, así que si me pasaba algo ni cuenta se iba a dar.
Reflexioné en la posibilidad de morir. La idea no me daba miedo, para mí, la muerte era un viaje placentero a un mundo surrealista en el que se puede descansar del llanto; pero en ese momento estaba lejos de un lugar así.
Mis lágrimas empezaron a rodar por mi rostro, estaba arrepentida de haber sido tan cobarde y no tener los suficientes “ovarios” para vivir aquel día. Hablé con Dios en ese momento, él escuchó mis disculpas, reclamos, y tomó en cuenta mi propuesta de querer vivir, y mi promesa de ser una niña valiente.
Después de haber llorado por mucho tiempo, me sentí liviana, una brisa secó mis lágrimas y por fin logré abrir los ojos. Todo estaba oscuro, y era extraño, no había nadie a mi lado respirando fuerte.
Un mundo diferente
Como de costumbre a las ocho de la mañana, don Rito caminaba por la 13 Avenida Norte. Al llegar a la esquina, esperó a que el semáforo se pusiera en rojo y cruzó.

Cuando se dirigía al otro lado, alcanzó a ver una silueta que llamó su atención. No lo podía creer, en la acera se encontraba tirado un billete de 50 dólares. Al fin, el pobre don Rito tendría un buen día. Lo agarró ágilmente y miró a ambos lados de la acera para advertir que nadie lo viera. Después, prosiguió a revisar su tesoro minuciosamente. Gracias al cielo, el billete estaba en buen estado. Se imaginó todo lo que podía comprar: sodas, cervezas, refrescos; todo enlatado para después poder vender las latas.
Pero antes de soñar tan grandes inversiones, tenía que darle una última revisadita, así que lo puso a tras luz para verificar su autenticidad. En eso una fuerte ventisca provocó que el billete saliera volando. Don Rito, angustiado, salió detrás del billete, pero éste se elevó dando vueltas hasta llegar a parar en medio de la calle. Los carros pasaban a toda velocidad, y uno se llevó pegado en la llanta todos los sueños de don Rito, quien desde la acera, lloraba amargamente su pérdida.
Para cualquiera, una situación como esa es poco probable, pero para don Rito es el pan de cada día, pues en su mundo, el de un mimo, el elemento sorpresa es lo habitual. De un momento a otro todo puede suceder: amanecer encerrado en una caja, dinero en las calles, escaleras interminables que llegan al cielo, avispas gigantes que te persiguen; en fin, sucede todo lo que puede causar emociones al extremo. Es por eso que si alguien quiere ser mimo, antes es de advertirle que no es apto para cardiacos. Pues en un día cualquiera puede “quedar allí” y en ese loco mundo, es probable que lo entierren en la caja de arena para gatos; y que el funeral termine en fiesta.
La pantomima es una de las artes escénicas que más me atrae. Por su peculiar forma de expresar ideas y sentimientos, permite que el público amplíe sus sentidos y ponga a volar su imaginación. Para los mimos el silencio es la mejor melodía, y el vacío, su lugar predilecto. Ellos llevan la magia a las tablas.
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