
Los seres humanos somos asimétricos y debemos aprender a aceptarnos así. El reconocer y respetar la diversidad de etnias, religiones, ideologías políticas, etc., no ha sido un reto fácil para las personas.
La mayoría nos consideramos capaces de ello. Creemos ser seres sociables y amigables por naturaleza, pero si nos detenemos a observar un poco las problemáticas sociales, en general, se derivan de una intolerancia a “los otros”.
Las personas tienden a no aceptar que alguien piense distinto. A mi parecer, el problema radica en que a partir de esta no aceptación, se acciona tratando de imponer la ideología propia sobre la de otros, es decir, por considerarse superior se discrimina “lo distinto”.
Por otra parte, ¿qué es eso del racismo? No son más que temores disfrazados. Se teme a que otra etnia sea mejor. Pero si somos de la misma raza Homo sapiens, nadie es superior y más evolucionado. O díganme ¿no todos defecamos lo mismo?
En el ámbito religioso de nuestro país, por ejemplo, la mayor parte de la población es cristiana y, sin embargo, existen subdivisiones que han generado fuertes problemas. Entre los conflictos más claros está el de los evangélicos y católicos, los cuales se “tiran pedradas” en medio de cultos y misas.
Un hecho que me indignó fue ver en un libro de Formación Cristiana, para alumnos de tercer grado de un colegio católico, donde se les decía a los niños que si un Testigo de Jehová tocaba a su puerta, debían echarle agua. Por otra parte, están los evangélicos que, para referirse a cualquier persona que no es de su denominación, les dicen “los del mundo” o “paganos”, de modo peyorativo.
Así, podríamos mencionar una gran variedad de ámbitos en los que existe discriminación social por diferencias ideológicas. Desde la política, con las campañas sucias, hasta aspectos tan sencillos, como los gustos musicales, con ilógicas riñas entre punketos y roqueros.
Si en un futuro los seres humanos aprendiéramos a respetar la diversidad ideológica que existe en este mundo, veríamos que en esencia somos más similares de lo que parece.
La mayoría nos consideramos capaces de ello. Creemos ser seres sociables y amigables por naturaleza, pero si nos detenemos a observar un poco las problemáticas sociales, en general, se derivan de una intolerancia a “los otros”.
Las personas tienden a no aceptar que alguien piense distinto. A mi parecer, el problema radica en que a partir de esta no aceptación, se acciona tratando de imponer la ideología propia sobre la de otros, es decir, por considerarse superior se discrimina “lo distinto”.
Por otra parte, ¿qué es eso del racismo? No son más que temores disfrazados. Se teme a que otra etnia sea mejor. Pero si somos de la misma raza Homo sapiens, nadie es superior y más evolucionado. O díganme ¿no todos defecamos lo mismo?
En el ámbito religioso de nuestro país, por ejemplo, la mayor parte de la población es cristiana y, sin embargo, existen subdivisiones que han generado fuertes problemas. Entre los conflictos más claros está el de los evangélicos y católicos, los cuales se “tiran pedradas” en medio de cultos y misas.
Un hecho que me indignó fue ver en un libro de Formación Cristiana, para alumnos de tercer grado de un colegio católico, donde se les decía a los niños que si un Testigo de Jehová tocaba a su puerta, debían echarle agua. Por otra parte, están los evangélicos que, para referirse a cualquier persona que no es de su denominación, les dicen “los del mundo” o “paganos”, de modo peyorativo.
Así, podríamos mencionar una gran variedad de ámbitos en los que existe discriminación social por diferencias ideológicas. Desde la política, con las campañas sucias, hasta aspectos tan sencillos, como los gustos musicales, con ilógicas riñas entre punketos y roqueros.
Si en un futuro los seres humanos aprendiéramos a respetar la diversidad ideológica que existe en este mundo, veríamos que en esencia somos más similares de lo que parece.
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