La falacia de las leyes antidrogas

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No es de extrañarse al leer en un periódico, que cinco de diez accidentes automovilísticos se relacionan con alcoholismo; tampoco, si leemos artículos médicos en los que se nos explica que el abuso crónico de las bebidas alcohólicas puede producir enfermedades hepáticas, trastornos mentales y neurológicos. También, se ha comprobado que la nicotina afecta las neuronas y estimula las terminales nerviosas, y aunque no parezca, el consumo de más de cinco tazas de café al día produce nerviosismo, irritabilidad, insomnio, arritmias, etc.

Sin importar cualquiera de esos daños a la salud física y mental, en cualquier parte del país, tiendas o supermercados, se tiene acceso, sin regulación de cantidad, a cigarrillos, alcohol o café. Esto entra en contradicción con lo decretado por la Asamblea Legislativa de El Salvador, que considera drogas a las sustancias que “indistintamente de su grado de pureza, actúan sobre el sistema nervioso central y tienen la capacidad de producir transformaciones, bien sea aumentando o disminuyendo su funcionamiento o modificando los estados de conciencia y que su uso indebido causa dependencia o sujeción física y psicológica” (Art.2, decreto No.728).

Sin embargo, nadie se queja por la comercialización de estos productos, ni el Estado, ni la población en general; pues estas son drogas aceptadas socialmente. Por lo visto, en nuestro entorno, de la teoría a la praxis hay una gran brecha. Lo estipulado en las leyes de nuestro país es una falacia.

Por consiguiente, deberíamos ser más críticos y preguntarnos: ¿Por qué es legal y de lo más común el uso del alcohol, tabaco y café en nuestra sociedad; y no el uso de drogas blandas como la marihuana? Si comparamos los daños que produce, no son tan diferentes a los causados por el alcohol.

Se ha comprobado científicamente que ésta droga contiene una sustancia psicoactiva, llamada Tetra Hidro Cannabinol (THC), que produce estimulaciones temporales en el organismo y trae repercusiones neuronales, celulares, inmunológicas, etc.

Por otra parte, el hecho que la marihuana sea ilegal, no ha demostrado que disminuya el consumo de ésta, por el contrario el narcotráfico y la corrupción policial es un negocio rentable en cualquier parte del mundo.
El problema parece ser un círculo vicioso: policías corruptos que mantienen negocios millonarios de narcotráfico, personas que contribuyen consumiendo, y que al igual que los alcohólicos, fumadores y adictos al café, siguen dañando su organismo.

Lo cierto es que las personas tienen libre albedrío a la hora de actuar, sobre todo cuando es relacionado con su propio cuerpo. El consumo excesivo de estas sustancias persiste y no obstante, casi no existen programas de concientización que busquen educar a la población en el uso moderado de las drogas. Por ejemplo, con el tabaco, las pequeñas letras ubicadas en la parte inferior de una cajetilla, que enuncian:”fumar es dañino para la salud”, están lejos de concientizar a cualquiera.

Resulta irracional que la sociedad le da mayor mérito a un alcohólico que a un “marihuanero”.

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